Un recuerdo —Don Alex
*(Publicado originalmente
en la revista Élite el 11 de noviembre de 1979. Transcrito para este blog el 16
de junio de 2026.)*
“Un recuerdo” fue el
nombre que mi esposo eligió para esta colaboración en la desaparecida revista
*Élite*. En ella narra nuestro primer paseo como marido y mujer.
En su momento, fue una
gratísima sorpresa ver publicado ese inolvidable episodio de nuestra historia.
Hoy, al transcribirlo, sentí nuevamente el calor del abrazo entrañable de Don
Alex.
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UN RECUERDO
—Por Alejandro César Herrera—
Hace más de diez años a
mis palabras les brotaron pétalos. Y les salieron alas como mariposas. Se
tornaron suaves y cálidas como brisa de abril para pronunciar tu nombre.
Desde entonces, miles de
rosas han sido deshojadas por el viento. Miles de nardos perdieron su perfume.
La luna muchas veces se ha asomado a su balcón de rubíes y siempre nos ha
encontrado juntos.
¿Recuerdas?
Janitzio se mecía entre el lago verdoso y el azul del firmamento. Tus manos morenas como alas de paloma se extendían lentamente señalando el paisaje. Y el paisaje parecía mirarnos a nosotros. Allá los pescadores se detenían, remaban y volvían a detenerse, y arrojaban sus redes colmadas de esperanzas. Nosotros en la cima sufríamos por los peces.
Y luego, ¡Pátzcuaro!
¿Recuerdas?
Las ramas de los árboles
de la Plaza Don Vasco se mecían armoniosas saludando al amor. Un barquillo de
nieve, tu sonrisa y un beso. Un chiquillo cara sucia que nos mira asombrado.
Y otra vez el camino de
regreso a Morelia. Y los días y los meses y los años transcurren. Las lluvias
vienen y se van. La luna, el sol y las estrellas nunca dejan de atisbar. Y nos
encuentran firmes como dos rocas desafiando al mar.
Somos uno en dos seres y
tu nombre en mis labios brota suave, sedoso y con sabor de miel. O como una
plegaria que, surcando el espacio, va cantando: ISABEL, ISABEL, ISABEL.
Y se quedó el eco
de tu voz
con mi nombre.
Y ni el tiempo
lo calla.
—Por Alejandro César Herrera—
Janitzio se mecía entre el lago verdoso y el azul del firmamento. Tus manos morenas como alas de paloma se extendían lentamente señalando el paisaje. Y el paisaje parecía mirarnos a nosotros. Allá los pescadores se detenían, remaban y volvían a detenerse, y arrojaban sus redes colmadas de esperanzas. Nosotros en la cima sufríamos por los peces.
¿Recuerdas?
de tu voz
con mi nombre.
Y ni el tiempo
lo calla.
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